Hace ya unos años. Caray, bastantes. En uno de esos malos momentos que uno tiene, o tenía. Porque debo confesar que, gracias a Dios, no recuerdo haber tenido en los últimos años ningún mal momento. Y pienso, que esto debe ser producto de lo que yo llamo mi disciplinado programa de vida para manejarme camino al envejecimiento. Aunque, quizás seria mejor decir, ya caminando como viejo.
Pues, en uno de esos malos momentos escribí, lo que llamé Confesion y Descarga. Esta descarga era bastante más larga que el trozo que ahora descubro. Pero la parte que a ésta seguía, no sólo podría molestar a alguna buena gente, si no que también reflejaba una muy fea frustración de mi parte. Así que, por ahora, la olvidaremos.
(Estábamos "abriendo un surco claro para que el sueño quepa".
Éramos, todavía, ingenuos y sencillos,
y creíamos en la solidaridad de los hombres de buena voluntad,
y en que la lucha de hoy y de mañana,
algún día daría frutos.
Por eso, a diario, deciamos: ¡ dominicano, siembra un árbol... y espera!.
Pero, finalmente, resultó aquello de "amolando y siempre boto"...
Veníamos de una generación anterior a la penicilina,
con retretas, alboradas, aguinaldos y sextetos...
y cantos gregorianos,
Y no podiamos entender que los llegados después,
tantos y tan ruidosos,
inevitablemente,
estropearían el habla y las buenas costumbres).
Bueno, esto de "Abriendo un surco claro para que el sueño quepa", es un verso de un poema de Juan José Ayuso, que yo tomé prestado, y con el cual iniciaba siempre mis programas de radio "long time agó". Fue ésta una buena época de mi vida, casi feliz, podría decir. Aunque fue una época de muy largas horas de trabajo y poco fruto económico, aunque siempre, a Dios gracias, el suficiente para pasarla, moderadamente, bién. De esto no puedo quejarme. Salvo que, aún en aquel bien tiempo, nunca me abandonó la incertidumbre del mañana.
El resto de aquella descarga hacía cierta crítica a conocidos personajes de la Historia Dominicana que dejaron para sus biógrafos célebres frases. Como aquella:"Mis enemigos me saludan, porque saben que ha llegado un hombre", que dijo un bravo mocano de apellido Álvarez, entrando con sus hombres a Santo Domingo, bajo una lluvia de balas. Balas que finalmente acabaron con su vida. También en la parte final de esta descarga criticaba a otros insignes que pronunciaron comprometedoras palabras que a alguno de ellos parece haber empujado a la muerte. Pero, como ya dije antes, esta parte final de la vieja descarga, por muy buenas razones, permanecerá en el olvido.
Un abrazo,
Tiberio Castellanos
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